Frank
Mi tiempo se paró por unas milésimas de segundo y sentí desfallecer pero, menos mal, que mis piernas seguían clavadas en el suelo y mi sonrisa seguía grabada en mi rostro. Saqué la pequeña libreta de mi cinturón e intenté bajar de mi nube para tomarles nota. Pidieron dos cervezas para ellos y para ese pequeño que me traía loco , un café. A las dos minutos, les serví lo que me habían pedido y volví a la jodida barra. La limpié con una balleta por encima y me quedé ahí esperando clientes, ya que todas las mesas estaban servidas. Mis ojos se iban al enano a cada segundo sin poder evitarlo. Mi mente empezaba a hacer de las suyas con la imagen de aquel pequeño individuo cada dos por tres. ¡Joder, Gerard, deja de pensar de una puta vez!
-Way, haz algo positivo y llévales la cuenta a la mesa treinta y tres- Me gritó mi jefe desde el otro lado de la barra. Solo asentí con la cabeza y me dirigí a sacar la cuenta del dinero a cobrar a la mesa treinta y tres.
Que gran casualidad que esa mesa era en la cual estaba tomándose el café aquel bello ser de orbes avellanas. Deposité la cuenta en la mesa y les dediqué una sonrisa. Bueno, esa sonrisa era solo para el enano de mis fantasías, pero habría que causarle una buena impresión a sus padres, ¿no?
-Aquí tienen la cuenta señores, gracias por confiar en nosotros - Dije con una sonrisa y mi tono de voz más dulce de lo normal. Quería que el enano viera mi sensual voz , o al menos eso pretendía. El matrimonio se levantó y yo volví a mi cárcel llamada "Jodida barra".
Serví algunas copas cuando aquel ángel sexy empezó a acercarse a mí. Se puso delante mía y dejo caer unas cuantas monedas en el mostrador.
-Lo siento, los agarrados de mis padres no te han dejado propina con lo bueno, simpático y guapo que eres -Me dijo con voz coqueta mientras una sonrisa un tanto pervertida se dibuja en su rostro pálido.
-Muchas gracias, señor...-Me quedé esperando que su deseado nombre saliera de esos labios rojizos y finos que estaban pidiendo a gritos que los besara.
-Iero, Frank Iero -Extendió su mano y yo la estreché con la mía. Había una diferencia de temperatura abismal. Yo estaba helado y el ardiendo pero bueno, los polos opuestos se atraen.
-Vaya , ¿tienes frío? - Preguntó con una sonrisa mientras yo esperaba que mencionará lo que seguía a continuación de esa frase. En pocas palabras , "¿Quieres que te caliente?" Pero ese momento no llegó.
-Sí, se pasan todo el día con el aire puesto y hace bastante frío aquí dentro- Dije con una sonrisa en el rostro, cosa que él me correspondió al instante. Enseguida, se escucharon los gritos de sus padres llamándolo y él dejó caer algo en la barra antes de marcharse.
Lo abrí y era un papel con su número de teléfono. Seguramente mis ojos brillaban más que la Luna en una noche oscura al leer el número. Lo miré por última vez y él me guiñó un ojo... ¡Grandísimo hijo de puta, eso es jugar sucio! Aquella noche salí feliz del trabajo por una vez en la vida y llegué a mi casa sobre las dos de la mañana. Me acosté en la cama, aunque poco pude dormir porque Frank aparecía en todos mis pensamientos, a todas horas y en cada lugar en el cual me encontrara.
Se pasó lloviendo toda la noche, las calles estaban inundadas y no podía circular ningún vehículo por las carreteras. Resoplé audiblemente y pensé... ¡¿Ahora qué cojones hago para llegar a la Universidad?! Eran las seis de la mañana cuando llamaron al teléfono de mi madre. Lo escuché perfectamente desde abajo y mi madre entabló conversación con alguien ,acto seguido colgó. Bajé por las escaleras y miré a mi madre. Sí, con una mirada era bastante como para que ella supiera que le estaba preguntado quien era y que quería.
-Arthur ha llamado tu profesor de la Universidad, debido al mal acceso y al cierre de carreteras, hoy no tendrás que ir a clase y tu hermano tampoco, ya que lo han retransmitido por la radio.
¡De puta madre! ¡Puedo recuperar mis jodidas horas de sueño! Subí como alma que lleva el diablo a mi cuarto y me tiré a la cama. Sí, pude dormir hasta las doce del mediodía y después me levanté. Mi hermano estaba jugando a la Play Station 3 y mi madre había salido para limpiar el jardín de nieve. Como no tenía nada que hacer, me puse con Mikey a jugar a la maldita videoconsola. No se me daba mal, pero él tenía más experiencia que yo y , evidentemente, siempre me ganaba. Nos pusimos a comer y al terminar, yo me tiré en el sofá y él siguió jugando. Sí, era un viciado a ese maldito juego. Por lo menos ya no escuchaba balazos, ahora estaba jugando al Kingdom Hearts. Llevaba intentando pasarselo como un mes entero y no podía.
-¡Michael, voy a poner la lavadora! -Chilló mi madre desde la cocina.
-¡Vale, mamá! - Correspondió Mikey desde el salón, rompiéndome los tímpanos.
Sí, la jodida lavadora que habitualmente ponía yo. Había echado a lavar mi uniforme de ayer porque estaba un poco sucio. ¡Joder! ¡Llevaba el teléfono de Frank en el bolsillo del uniforme! Salí corriendo del salón y llegué a la cocina en media milésima de segundo. Saqué el papel del bolsillo del pantalón y respiré tranquilamente.
-Menos mal... -Dije para mi mismo sin saber que mi madre estaba delante.
-¿Menos mal, qué, Arthur?
-Nada , mamá, nada. Tranquila - Respondí nervioso antes de salir zumbado de allí.
Para que Frank supiera mi número de teléfono, le mandé un mensaje diciéndole que era yo y , acto seguido me respondió. "¿Quedamos esta tarde para dar una vuelta y jugar con la nieve?" Me dijo. Me gustaba ese toque infantil que tenía. Respondí en menos de dos minutos "Hora y lugar". Su mensaje me llegó instantaneo " Dentro de media hora en tu parada del autobús"